jueves, 7 de junio de 2012

Y Vinieron Cantando


Autor:
Don Antonio García Ramos.
Sobre la participación de tropas extremeñas en la guerra hispano-cubana-norteamericana


Y VINIERON CANTANDO

        No sé por dónde empezar este relato sobre los acontecimientos del fin del siglo XIX durante la insurrección cubana, donde participó con un Batallón Expedicionario el Regimiento Castilla nº 16. Si los datos que poseo no son erróneos, este Regimiento tuvo  a día de hoy, en investigación no concluida, 369 muertos, que tal como podemos observar en el cuadro adjunto, 13 lo fueron en combate frente al enemigo, 6 de resultas de las heridas producidas, 151 víctimas del vómito negro, 15 fallecieron en hospitales militares de la Península y durante el viaje de repatriación y 184 de enfermedades comunes o accidentes.
         Aproximadamente el dieciocho por ciento de la fuerza enviada murieron por causas directas o indirectas de aquella  guerra fratricida. Estos datos analizados con la mentalidad del siglo XXI, aparecen como desorbitados y eso que solo nos fijamos en los fallecidos, si también hurgáramos en la situación en que quedaron los repatriados al final de la contienda hispano-cubana-norteamericana, se nos pondrían los pelos de punta, con escenas de miseria rampante por las estaciones de ferrocarril y en las plazas de los pueblos, de soldados mendigando con una manta raída sobre los hombros, alpargatas rotas y aspecto cadavérico. Escenas que sin embargo solo golpearon la conciencia de algunas élites intelectuales, la que se dio en llamar Generación del 98, ya que el pueblo llano, sufrido, de pan con aceite, cebolla, vino tinto y boina, como en otras ocasiones calló y “a servir lo que usted mande, señorito”.
         Pero estas notas garrapateadas con el despecho de la impotencia de una situación ocurrida cien años antes, solo  pretenden divulgar algunos aspectos de aquella historia negra para que hoy nos sirvan de referente y constatar que los tiempos cambian y sobre todo que  las personas llamadas a legislar, no crean que con sus leyes, decretos y normas están en posesión de la justicia absoluta. Para ello se adjunta también una resolución publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra en la que se deniega la solicitud de una pensión para el hijo muerto de enfermedad común en la guerra de Cuba.
         Es decir, los 184 fallecidos por esta última causa del Batallón enviado por Castilla 16 a la Gran Antilla, se quedaron sin la mísera pensión, que en cambio cobraron los muertos por causas del combate y vómito negro.  Cuesta trabajo creer que los legisladores no comprendieran que no era normal que jóvenes de 20 años fallecieran en la flor de su vida por el mero hecho de estar vivos, cuando los que curaron de las heridas, o salieron del vómito, lo hicieron tan debilitados que no podían sostenerse en pie en aquellas húmedas noches de las trochas, siendo pasto de otras enfermedades, llamadas “comunes” como disentería, tuberculosis, caquexia palúdica, cloroanemia, fiebres pútridas, etc. Los jóvenes soldados no hubieran enfermado en tan alta proporción, si hubieran quedado en su tierra, en su verdadera Patria. Por tanto cabría preguntarse si lo hicieron así, conscientemente, para ahorrarse los duros, los reales y las pesetas de entonces.
         Así vistas las cosas, lo que terminó siendo un refrán, “más se perdió en Cuba y vinieron cantando”, alcanza  más hondo significado que una frase típica, muestra una forma de ser y de sentir, el tirá p’alante de la resignación y la ignorancia.
        El paso del tiempo ha sido el mejor lenitivo para olvidar penas tan hondas, donde la hipocresía disfrazada con buenas palabras y pocos hechos, más la indiferencia mal disimulada por parte de las autoridades y el aparato del Estado, tuvo que ser compensada por el pueblo llano, por la sociedad civil, y llegar donde aquellos no pudieron, o lo que es peor, no quisieron. Nunca más.



No hay comentarios:

Publicar un comentario